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10 enero, 2018

Los inversores colocaron más de u$s 700 millones este año, comparado con los u$s 332 millones y u$s 233 millones invertidos en 2016 y 2015, respectivamente.

Durante el año pasado, las startups de tecnología agrícola recibieron más financiación que en los dos años previos juntos. Eso se debe a que se han trazado líneas de combate entre los grandes grupos agrícolas tradicionales y algunos capitalistas de riesgo de Silicon Valley que buscan derrotar a ese sector que mueve miles de millones de dólares.

Los inversores colocaron más de u$s 700 millones en compañías de tecnología agrícola en 2017, según la firma de investigaciones CB Insights, una cifra muy elevada si se compara con los u$s 332 millones y u$s 233 millones invertidos en 2016 y 2015 respectivamente.

El derroche de inversión en startups que usan robótica y ciencia de datos para que la actividad agrícola sea más eficiente, contrasta con la ajustada situación financiera de la Norteamérica rural.

Los ingresos agrícolas se erosionaron desde que el auge de los commodities de principios de la década de 2010 llegó a su pico, lo que dejó abundancia de oferta y precios bajos. Según el servicio de investigación económica del Departamento de Agricultura estadounidense, hace tres años que los ingresos agrícolas en Norteamérica registran caídas.

En Broken Bow, Nebraska, Clay Govier tiene un emprendimiento agrícola relativamente pequeño, de unas 1200 hectáreas. Sus ingresos son 50% menores desde que los precios del maíz empezaron a derrumbarse en 2012. “Con la suba de los precios de los terrenos y el alza de los impuestos a la propiedad, los más chicos nos vemos muy afectados”, explicó. Al mismo tiempo, los costos de los insumos como semillas y fertilizantes se mantuvieron elevados, lo que se come las ganancias de Govier.

Esta situación fomenta las inversiones que apuntan a mejorar la suerte de los productores agrícolas y a elevar la eficiencia del sector, aseguran los analistas.

Los significativos incrementos de capital sugieren que el sector de tecnología agrícola está madurando, señaló Rob LeClerc, cofundador y CEO de AgFunder, una compañía de investigación. Se refería a la ronda de captación de fondos serie D por u$s 203 millones cerrada el mes pasado que hizo Indigo Ag, una compañía de Boston que quiere usar microbios para mejorar la salud de las plantas y el rendimiento de los cultivos.

Pero algunas startups apuntan más directamente a lograr que los precios de las materias primas esenciales, como semillas y fertilizantes, sean fijados de manera transparente por parte del sector llamado big ag, que está compuesto por los grandes grupos agrícolas.

Casi una cuarta parte de las inversiones en tecnología agrícola de 2017 proviene de grandes empresas o sus divisiones de capital de riesgo, incluyendo las que pertenecen a gigantes como Monsanto y Syngenta, y se incrementó 7 puntos porcentuales comparado con 2016.

Una startup tecnológica, Farmers Business Network (FBN), que en 2017 recaudó u$s 110 millones y entre cuyos inversores se encuentra el brazo de capital de riesgo de Google, afirma que quiere ayudar a los productores agrícolas a evitar que los estafen los fabricantes de insumos agrícolas químicos tras el aluvión de consolidación que genera temor a que esté surgiendo un oligopolio.

Las llamadas “seis grandes” compañías de químicos agrícolas podrían pronto convertirse en cuatro después de la fusión por u$s 142.000 millones de Dow Chemical con DuPont en septiembre, la adquisición por u$s 44.000 millones de Syngenta por parte de ChemChina, y la fusión propuesta de Bayer y Monsanto que está siendo analizada por el ente de defensa a la competencia de la UE.

En declaraciones ante el Senado norteamericano en 2016, el CEO de Dow AgroScience Tim Hassinger buscó tranquilizar a Washington diciendo que la fusión de su compañía “llevaría más competencia al mercado, y no menos”. DowDuPont planea dividirse en tres empresas.

Un estudio de FBN señala que existen grandes diferencias de precios en todo Estados Unidos para las semillas y químicos como fertilizantes, en particular en lugares alejados donde los productores tienen pocas alternativas. Algunos granjeros pagan tres veces más que otros agricultores por el mismo producto.

FBN, que tiene su sede en California y fue fundada en 2015 por el ex Google Charles Baron y Amol Deshpande, ex capitalista de riesgo del área tecnológica, reúne datos provenientes de casi 5.000 productores agropecuarios canadienses y norteamericanos y, por una cuota anual de u$s 600, analiza la información y brinda a sus clientes sus percepciones sobre diversos temas desde los precios adecuados de los químicos hasta consejos sobre semillas y suelos.

Según Baron, los agricultores no se vieron beneficiados de las guerras de precios online en lo que respecta a la compra de semillas y químicos. Si bien se pueden comprar productos agrícolas por Internet, “los vendedores minoristas pelean con uñas y dientes para evitar la competencia online,” señaló. “Ya era un mercado pequeño y se está achicando mucho. Naturalmente hay menos opciones y menos competencia”, agregó.

Big ad no se queda esperando a que otros perturben el sector. Bayer solo invirtió entre u$s 600 millones y u$s 700 millones en los últimos 18 meses en compañías más especulativas dedicadas a ciencias de la vida, incluyendo un proyecto de tecnología agrícola con Ginkgo Bioworks, una biotecnológica hace poco valuada en más de u$s 1000 millones, para crear semillas recubiertas con un fertilizante microbiano.

Ben Belldegrun, fundador y socio gerente de Pontifax Agriculture Technology Fund, pronostica que las compañías grandes interesadas en mantenerse al día con la cambiante tecnología seguirán invirtiendo y que probablemente 2018 sea otro año sólido para la captación de fondos para el segmento de tecnología agrícola.

Fuente: Agritotal

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