Argentina
7 febrero, 2019

La firma diseñó algunos planes propios pero admiten que son difíciles de sostener. Buena parte del año pasado se siguió adelante por los volúmenes de ventas adelantados que tenían; este inicio de 2019 en cambio no hay operaciones cerradas.

Por la caída de ventas y la baja de producción la fábrica de tractores Pauny de la localidad de Las Varillas analiza trabajar al menos un día menos a la semana para preservar los 575 empleados de su planta. “Estamos haciendo malabarismos para sostener la actividad; hemos hecho todo el esfuerzo en estos meses, incluso tomando créditos, pero no levanta”, explicó a LA NACION Raúl Giai Livra, presidente de la empresa.

La empresa realizó una presentación ante el Ministerio de Trabajo para acortar los días laborables pero, en paralelo, ya negocia con los empleados para alcanzar un acuerdo. “Somos el fruto de una firma que cerró y sabemos lo que son los problemas, queremos encontrar una salida y confiamos en que la muy buena cosecha sea acompañada por tasas -no digo baratas- sino razonables”, describió Giai Livra.

Pauny nació después de la quiebra de Zanello, una histórica empresa familiar de la industria de tractores. Cuatro meses después del cierre, los empleados alquilaron la planta para ponerla en marcha ellos mismos y mantener su trabajo.
Describió que desde abril de 2018 vienen arrastrando la crisis pero que siguieron a “ritmo normal” esperando que cambiara la situación. “No sólo no se modificó sino que empeoró. Lo peor es la falta de financiación; las necesidades están, pero nadie compra un bien de capital de contado, el que hace una operación es porque está urgido”, explicó.
La firma diseñó algunos planes propios pero admiten que son difíciles de sostener. Buena parte del año pasado se siguió adelante por los volúmenes de ventas adelantados que tenían; este inicio de 2019 en cambio no hay operaciones cerradas.
El 2018 terminó con 25% menos de producción interanual; fabricaron 1700 unidades contra 2050 de 2017. “Hay que reducir los costos fijos porque estamos a menos de la mitad de la capacidad de producción; la sequía y la falta de financiación fue un mix muy complicado. Además la devaluación duplicó los costos de materia prima”, dijo Giai Livra.

Venían de un 2017 de crecimiento y las primeras proyecciones eran que la tendencia se mantendría; la pérdida de 28 millones de toneladas de soja y maíz por la sequía golpeó al campo y, en la segunda parte del año, la situación empeoró por la devaluación y las tasas de financiamiento que treparon hasta 70%.

El sector baraja la posibilidad de que en las próximas semanas el Gobierno anuncie algunas líneas de financiamiento para los productores que les permita -frente a la expectativa de una cosecha récord- comprar equipos. Hay trascendidos de que en la Rosada estudian esta alternativa para aportar a la reactivación.

Fuente: La Nación Campo.-

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