Tucumán
11 febrero, 2020

La sustentabilidad del medioambiente significa cambios en la agricultura.

El articulo N° 41 de la Constitución Nacional dice que todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo.

Actualmente, una parte de la sociedad (y que va en franco crecimiento) interpela a los modelos y a los procesos productivos vigentes. La agricultura actual no escapa a esta situación. Así lo sostuvo Martín Terán, acompañante técnico agroecológico de AgroBio.

“Las evidencias de un desgaste de los sistemas agrícolas productivos son incuestionables” advirtió el especialista. Desde su punto de vista, la magnitud de ese desgaste todavía está en el centro del debate. ¿Se puede revertir? ¿O solo se debe iniciar las acciones para desacelerar un proceso que conduce necesariamente a un cambio racional del entendimiento holístico de los agrosistemas?

En la genealogía de la especie humana subyace la historia del surgimiento de la agricultura. Desde la caza, la pesca y la recolección hacia la consolidación de las comunidades que encontraron en un espacio las condiciones suficientes para alimentarse. Por lo tanto, durante diez mil años la agricultura ha marcado culturalmente a las civilizaciones que adoptaron para su subsistencia tan necesaria herramienta. Muchos valores y creencias de cada grupo humano fueron forjados desde la intervención de la naturaleza para obtener recursos.

La actual agricultura predominante no es la excepción, también refleja los valores de la sociedad actual. Donde existe un modelo de mandato que solo atiende dos aspectos: beneficio económico (a corto plazo) y productividad.

Nuestra agricultura moderna, pensada principalmente como un negocio, no admite otros resultados que no sea alcanzar altas rentabilidades y para ello, ha elegido el incremento de la productividad como el camino para llegar alcanzar el “éxito”. En ese camino, dejó en segundo plano algunos aspectos, tales como la pérdida de la biodiversidad y su consecuente pérdida de los servicios ecológicos del paisaje productivo, degradación física, química y microbiológica de los suelos, liberación permanente hacia el ambiente de productos nocivos, para citar alguno de los cambios que ya se evidencian.

Cada día, se hace más común leer y escuchar en diferentes ámbitos el concepto de sustentabilidad. Este concepto debe ser pensado como “una manera de obtener un producto rentable causando el menor impacto ambiental posible”. Una idea, que a priori pareciera bien intencionada, nos refleja una sociedad en la que la rentabilidad no está en discusión, mientras que el daño ambiental se asume como algo esperado, aunque se trate de reducirlo. Olvidándose del componente “Social” que también participa de todo sistema productivo.

Surge así a fines de los años ’70 un fuerte movimiento contracultural, que discute desde otra escala de valores algunos aspectos centrales de la agricultura predominante: La Agroecología. Un paradigma productivo que se apoya en la creciente existencia de agrosistemas viables económica, ambiental y socialmente.

Naturalizar la Agricultura

En términos generales se puede explicar que La Agroecología es una manera de cultivar la tierra sin recurrir al uso de productos de síntesis química ni a semillas transgénicas. Que respeta las pautas naturales de alimentación y el comportamiento de todos los actores que participan en una agricultura de procesos proponiendo arreglos tecnológicos basados en procesos biológicos propios de la naturaleza. Además, propicia cubrir las nuevas demandas de una sociedad que prioriza un consumo de alimentos seguros y saludables a partir del desarrollo de mercados tanto locales como externos.

Está claro que desde sus inicios y aún más en la actualidad, el concepto de la agroecología siempre fue cuestionado, movilizando un debate: se piensa como una forma de producir más amigable con la naturaleza, pero menos productiva, y, por lo tanto, menos rentable.

Gran parte de la comunidad académica y técnica no está ajena a este debate. Ya que existen muchas voces que sostienen la idea de que la agroecología es menos productiva y menos rentable. Así también, muchas de esas voces no tuvieron la oportunidad (o no la buscaron) de hablar con un productor agroecológico, y tampoco conocen un campo producido bajo este paradigma (que en nuestra provincia sobran los dedos de la mano para contarlos), y que en muchos casos, ni siquiera han asistido a una charla sobre agroecología.

Los prejuicios que surgen del debate son alimentados a partir del enorme poder de propaganda de la actual agricultura, basada solamente en la implementación de un paquete tecnológico cerrado. Sin olvidar el escaso aporte de las instituciones y universidades argentinas en la divulgación, desarrollo de conocimiento y formación de técnicos en agroecología en la amplitud del concepto y no desde un sesgo romántico y pasajero de este paradigma. Entendiendo que en toda norma hay contadas excepciones.

Este debate obliga a pensar y explorar desde una mirada crítica a la agroecología atendiendo los componentes: productividad y rentabilidad, sin dejar de lado los valores, las creencias y los modos en que los seres humanos habitamos nuestro mundo.

Fuente: La Gaceta Rural.-

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